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Medioambiente Energía

La guerra del biogás

La carrera por convertir purines y residuos en gas verde enfrenta a administraciones, fondos de inversión y promotores con pueblos donde se proyectan las plantas mientras otros abrazan la llegada del biogás como modo de salvar su ganadería intensiva.

Antonio DelgadoAna Tudela 30 de junio de 2026

Cientos de millones de euros de inversores internacionales y nacionales, Goldman Sachs, Morgan Stanley, el fondo CVC, Mapfre, Criteria… llevan unos años analizando pueblos por toda España. Buscan un problema que nadie parecía ver, que no abre informativos aunque esté ya en suelos, acuíferos, humedales y hasta en el agua del grifo. Estudian en el mapa la acumulación de granjas de ganadería intensiva, sus balsas, sus purines, su contaminación… y calibran lo cerca que está ese problema de un tubo: la red de gas.

Hay un gran negocio en transformar en energía la mierda, en un país que ya no sabe dónde echarla. En convertir la montaña de residuos difícilmente tratables a estas alturas en gas, electricidad o calor; en biogás y biometano. Más de 250 proyectos presentados desde 2022 ante las autoridades autonómicas buscan aprovechar esa oportunidad. De momento están en funcionamiento una veintena.

Planta de biometano a vista de dron | DATADISTA

DATADISTA los ha rastreado durante meses en los boletines oficiales y portales ambientales, autonómicos y provinciales, y hoy presenta la radiografía más completa del negocio del biogás en este país: su ubicación, la fase del proceso en la que se encuentran, la materia prima que prevén utilizar, la energía que prevén producir.

Aunque los purines no sean ni de lejos el mejor combustible de las plantas de biogás, que sacan más partido de transformar restos vegetales agrícolas y forestales y que pueden tratar también residuos urbanos, es muy tentador llegar con la promesa de la solución allí donde muchos veían que las normas europeas de cuidado del medio ambiente, pero sobre todo de salud pública, les iban a echar el cierre. No tan rápido. La importancia de la cercanía a la red de gas dibuja un mapa del biometano en el que hay plantas en zonas tan saturadas de granjas industriales que solo podrán tratar una parte minoritaria del total que se genera. Otras donde falta esa materia prima y se intuye que los residuos tendrán que venir de lejos.

Mientras hay pueblos que han abrazado sin reparos el biogás, hay cada vez más municipios que no ven claro que les compensen las desventajas: potenciales olores, riesgos de contaminación y un trasiego incesante de camiones para alimentar plantas que planean tratar hasta 500.000 toneladas anuales de residuos. Los transforman, sí, en energía, pero queda el digestato: un residuo con fracción sólida y líquida que conserva buena parte del nitrógeno y del fósforo y puede servir para abonar, pero que habrá que tratar y distribuir de nuevo con cuidado de no contaminar las aguas por sobrefertilización.

La apuesta de Europa y de España en favor del biogás está ligada a la geopolítica. Independizarse del gas ruso se ha convertido en prioridad comunitaria desde la invasión de Ucrania y el biometano es capaz de sustituir al gas natural y usar su misma tubería. La guerra de Irán ha reforzado la defensa de esta energía renovable debido a la posibilidad de producir fertilizantes orgánicos a partir del digestato.

Pueblos pequeños y activistas han vuelto a las calles para enfrentarse a un movimiento que puede cambiar su día a día. Esta es la guerra del biogás.

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Metodología

Cómo se hizo este especial

  • +60boletines oficiales y portales ambientales rastreados
  • +2.500documentos pdf extraídos
  • +60.000páginas analizadas

España no tiene un registro público único de las plantas de biogás y biometano, ni para saber cuántas se tramitan, dónde están, quién las promueve o qué residuos prometen tratar. La información existe, pero dispersa en decenas de boletines oficiales, portales ambientales, registros energéticos, expedientes autonómicos y documentos municipales.

Hemos reconstruido ese rastro durante meses, expediente a expediente. De cada uno salieron anuncios de información pública, estudios de impacto ambiental, declaraciones de impacto, autorizaciones, resoluciones, proyectos técnicos y anexos. Entraron los que permitían seguir una planta de biogás o biometano, su conexión a la red o una infraestructura asociada, y quitamos duplicados, registros ajenos al sector y expedientes sin trazabilidad.

Para desarrollar esta investigación, hemos desarrollado una plataforma tecnológica que revisa las fuentes de forma periódica: extrae datos nuevos, los procesa, los normaliza y los analiza, y sigue la evolución del sector.

De cada documento en formato PDF, un modelo de lenguaje, junto con tecnología OCR, extrae la información y genera una base de datos armonizada con más de 70 dimensiones. Cada dato lleva su cita literal en el PDF, que comprobamos contra el texto en un proceso de verificación.

Un anuncio en un boletín no equivale a una planta operativa. Por eso clasificamos los expedientes por fase de tramitación y los cruzamos con registros nacionales, datos de la CNMC, Enagás GTS, PRETOR y otras fuentes para comprobar qué instalaciones inyectan gas o producen energía.

Cada proyecto lo hemos cruzado con los censos ganaderos, las zonas vulnerables a nitratos, las masas de agua, la red de gas, el PRTR de emisiones, los registros de residuos, la normativa que le aplica y el conflicto vecinal. Y hemos leído lo que dicen las partes en el expediente, desde las alegaciones y las respuestas de la administración hasta las plataformas vecinales, las empresas y los expertos.

Residuo ganadero a 35 km

También comprobamos si el residuo que una planta promete tratar existe de verdad cerca. Calculamos cuánto purín, estiércol y gallinaza producen las explotaciones ganaderas de su entorno y lo comparamos con lo que el proyecto dice que va a usar. Este trabajo lo hemos realizado con todos los expedientes en tramitación desde 2022, momento que se puede considerar como el del despliegue del biometano.

El radio de 35 kilómetros es un criterio de cribado conservador. No mide rutas reales por carretera ni contratos de suministro. Mide la disponibilidad ganadera declarada alrededor de la planta y compara proyectos con una regla común.

La comprobación solo es posible cuando el expediente cuantifica el purín, estiércol o gallinaza que declara que va a usar. No son muchos. Los expedientes que los mencionan de forma genérica sin dar toneladas quedan como no auditables. Si una planta declara más residuo ganadero del que produciría su entorno, la marcamos como en déficit. Cada caso se ha contrastado con la tabla de sustratos del Estudio de Impacto Ambiental o documento ambiental equivalente.

Límites

Este censo está hecho con fuentes públicas y depende de lo que las administraciones publiquen. Es, por tanto, una cifra conservadora.

Algunas localizaciones del mapa interactivo son aproximadas debido a que no tenemos sus coordenadas. Las buscamos mediante geolocalización o calculando el centroide del municipio al que pertenecen.

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