Cientos de millones de euros de inversores internacionales y nacionales, Goldman Sachs, Morgan Stanley, el fondo CVC, Mapfre, Criteria… llevan unos años analizando pueblos por toda España. Buscan un problema que nadie parecía ver, que no abre informativos aunque esté ya en suelos, acuíferos, humedales y hasta en el agua del grifo. Estudian en el mapa la acumulación de granjas de ganadería intensiva, sus balsas, sus purines, su contaminación… y calibran lo cerca que está ese problema de un tubo: la red de gas.
Hay un gran negocio en transformar en energía la mierda, en un país que ya no sabe dónde echarla. En convertir la montaña de residuos difícilmente tratables a estas alturas en gas, electricidad o calor; en biogás y biometano. Más de 250 proyectos presentados desde 2022 ante las autoridades autonómicas buscan aprovechar esa oportunidad. De momento están en funcionamiento una veintena.
DATADISTA los ha rastreado durante meses en los boletines oficiales y portales ambientales, autonómicos y provinciales, y hoy presenta la radiografía más completa del negocio del biogás en este país: su ubicación, la fase del proceso en la que se encuentran, la materia prima que prevén utilizar, la energía que prevén producir.
Aunque los purines no sean ni de lejos el mejor combustible de las plantas de biogás, que sacan más partido de transformar restos vegetales agrícolas y forestales y que pueden tratar también residuos urbanos, es muy tentador llegar con la promesa de la solución allí donde muchos veían que las normas europeas de cuidado del medio ambiente, pero sobre todo de salud pública, les iban a echar el cierre. No tan rápido. La importancia de la cercanía a la red de gas dibuja un mapa del biometano en el que hay plantas en zonas tan saturadas de granjas industriales que solo podrán tratar una parte minoritaria del total que se genera. Otras donde falta esa materia prima y se intuye que los residuos tendrán que venir de lejos.
Mientras hay pueblos que han abrazado sin reparos el biogás, hay cada vez más municipios que no ven claro que les compensen las desventajas: potenciales olores, riesgos de contaminación y un trasiego incesante de camiones para alimentar plantas que planean tratar hasta 500.000 toneladas anuales de residuos. Los transforman, sí, en energía, pero queda el digestato: un residuo con fracción sólida y líquida que conserva buena parte del nitrógeno y del fósforo y puede servir para abonar, pero que habrá que tratar y distribuir de nuevo con cuidado de no contaminar las aguas por sobrefertilización.
La apuesta de Europa y de España en favor del biogás está ligada a la geopolítica. Independizarse del gas ruso se ha convertido en prioridad comunitaria desde la invasión de Ucrania y el biometano es capaz de sustituir al gas natural y usar su misma tubería. La guerra de Irán ha reforzado la defensa de esta energía renovable debido a la posibilidad de producir fertilizantes orgánicos a partir del digestato.
Pueblos pequeños y activistas han vuelto a las calles para enfrentarse a un movimiento que puede cambiar su día a día. Esta es la guerra del biogás.
Publicaciones

Primera entrega
Radiografía de la burbuja del biogás
Más de 250 plantas de biogás en tramitación en toda España y solo veinte plantas de biometano inyectando gas a la red.

MAPA INTERACTIVO
Explora las plantas de biogás de tu pueblo
Cada planta de biogás y biometano, su fase de tramitación y el ganado que la rodea. Comprueba qué se está planeando cerca de ti.